Convento de San José
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Identidad Misionera de la Provincia del Santísimo Rosario

El tema "Carisma propio de la Provincia de Ntra. Sra. del Rosario y su realización hoy" fue el tema central de reflexión con motivo del Capítulo Provincial celebrado en Arcas Reales (Valladolid) en agosto de 1997. Por medio de esta reflexión, la provincia ha querido reflexionar sobre su carisma constitutivo y sobre el modo de llevarlo a la práctica en la realidad de los países donde estamos presentes.

INTRODUCCIÓN

La situación actual de la Provincia y las últimas enseñanzas de la Iglesia han motivado que se escogiera el tema de nuestro carisma misionero como tema central para el Capítulo Provincial. En la reflexión de los diferentes vicariatos, así como en los diálogos de la asamblea capitular, se han detectado diversas interpretaciones y cierta confusión en la comprensión del carisma propio de la Provincia y el modo de realizarlo hoy.

Es urgente, pues, clarificar este tema, esencial para nuestra identidad como Provincia misionera. Sólo una identidad clara puede ser elemento de unión fraterna y renovación de nuestro carisma y ministerios que, tanto la Iglesia como la Orden, nos están pidiendo.

Estas constataciones nos mueven a proponer y compartir las siguientes reflexiones.

I. LA VOCACIÓN MISIONERA

1. El carisma propio de la Provincia.

La Provincia de Nuestra Señora del Rosario, desde su fundación en 1587, fue establecida "para la conversión de los infieles". Este fue el espíritu de sus fundadores, que se sintieron llamados a ser "luces del mundo, antorchas sobre el candelero ... para los que están en las tinieblas del pecado, oscuridad de la gentilidad …" (Ordenaciones Primordiales o Generales, 2). De este modo se realizó la invitación que el P. Juan Crisóstomo hacía a los frailes de "ir a sacrificarse a nuestro Señor en la predicación del santo Evangelio a los infieles de las Islas Filipinas y Reino de China y de las demás partes a que nuestro Señor fuese servido enviarnos a trabajar en la dilatación de su santísimo nombre" (Carta Circular, 1585).

Así lo reconoció la Orden desde el principio, cuando el Capítulo General de Venecia de 1592 aprobó la Provincia y su finalidad como lo expresan las palabras del Maestro de la Orden H. M. Beccaria: "Recordad el testamento de nuestro santísimo patriarca Domingo... En solos vosotros se salva esto que debería ser propio de todos nosotros..." (Carta, 3 de noviembre de 1592).

El propósito de nuestra Provincia, en sus más de cuatrocientos años de existencia, ha sido vivir y plasmar este espíritu misionero específico, realizando de esta manera el sueño incumplido de Nuestro Padre Santo Domingo de anunciar el Evangelio a los cumanos.

2. La misión ad gentes y nuestro carisma.

La misión de la Iglesia es única, prolongación de la única misión de Cristo: "Id y proclamad el Evangelio a toda la creación" (Mc 16, 15). Dentro de esta misión única, hay tareas y actividades diversas, aunque interdependientes: la evangelización inicial o ad gentes, la atención pastoral continuada y la "nueva evangelización" o "reevangelización" (RM 33-34).

La misión ad gentes es la actividad primaria de la Iglesia, esencial y nunca concluida. Esta es la responsabilidad más especifícamente misionera que Jesús ha confiado y diariamente vuelve a confiar a su Iglesia (RM 31). La peculiaridad de esta misión ad gentes está en que se dirige a los no cristianos (RM 34), a pueblos y grupos humanos que todavía no creen en Cristo, a los que están alejados de Cristo entre los cuales la Iglesia no ha arraigado todavía y cuya cultura no ha sido influenciada por el Evangelio. Esta misión se explicita en tres tareas: anunciar a Cristo y su Evangelio, edificar la Iglesia local hasta que se convierta a su vez en evangelizadora y promover los valores del Reino.

En esta línea trazada por Juan Pablo II se inscribe el carisma específico de la Provincia. No se pueden, por tanto, igualar situaciones distintas de evangelización llevadas a cabo por la Iglesia. Porque afirmar que toda la Iglesia es misionera no excluye que haya una específica misión ad gentes, al igual que decir que todos los católicos deben ser misioneros, no excluye que haya Institutos y misioneros ad gentes y "de por vida", por vocación específica (RM 32, 66).

Esta vocación específica es lo que eligió la Provincia dentro del carisma misionero de la Orden y que hoy goza de plena actualidad, puesto que el número de los que no conocen a Cristo ni forman parte de la Iglesia va en constante aumento, y la Iglesia necesita hacerse presente entre los pueblos y grupos humanos alejados de la cultura cristiana (RM 3); más aún si se tiene en cuenta el proceso de secularización e indiferencia hacia lo religioso que caracteriza a la sociedad actual.

La Provincia tiene, pues, ante sí un amplio campo donde desarrollar su misión universal respondiendo a la fidelidad histórica de sí misma y al mandato misionero universal de Jesús (Mt 28, 19).

El territorio geográfico, aunque no es criterio para decidir con precisión la actividad misionera ad gentes, sigue siendo válido todavía para indicarnos hacia dónde debe dirigirse. Hay países, áreas geográficas y culturales en las que no existen comunidades cristianas autóctonas; o son tan pequeñas, que no son un signo claro de la presencia cristiana; o carecen de dinamismo para evangelizar su sociedad; o pertenecen a poblaciones minoritarias, no insertadas en la cultura nacional dominante (RM 37).

En conclusión, el carisma de la Provincia sigue teniendo actualidad y validez plena. Explica la carencia de territorialidad, nos permite trabajar con toda libertad en distintos lugares, especialmente en Asia, y nos define como Provincia esencialmente misionera y no como Provincia con misiones.

3. Necesidad del espíritu misionero

Conscientes de esta realidad misionera específica de la Provincia, todos sus miembros, ya desde los primeros años de formación, han de estar imbuidos de la vocación misionera. Este mismo espíritu debe animar nuestra actividad apostólica en cualquier situación o ámbito en que se ejerza, en un compromiso total al servicio de la evangelización, entrega que abarca toda la persona y vida en una donación sin límites (RM 65), y prefiriendo los lugares más humildes y difíciles (RM 66).

Por consiguiente, reafirmamos el carisma misionero ad gentes de nuestra Provincia, siendo así fieles a nuestros orígenes y a su realización a través de los tiempos.

II. REALIZACIÓN DEL CARISMA PROVINCIAL HOY

Nuestra misión se ejerce respondiendo a una triple fidelidad: a Cristo a quien anunciamos, a la Iglesia que nos envía y al hombre al que dirigimos el anuncio de la Buena Noticia de la salvación. La circunstancia histórica del hombre actual exige la presentación del anuncio salvador con características propias; de ahí que hayamos de acercarnos al hombre de hoy atendiendo a sus propias circunstancias económicas, políticas, culturales, sociales y religiosas.

Por eso, presentamos estas líneas de acción en las que principalmente debemos realizar la misión hoy.

1. Necesidad del primer anuncio
El compromiso que tenemos como miembros de la Provincia nos exige, en todo momento y situación, anunciar en toda su integridad el mensaje del Evangelio, haciéndolo comprensible para el mundo de hoy y adecuándolo a las situaciones y personas que nos escuchan.

2. Integración en la Iglesia local
Habiendo recibido nuestra misión de la Iglesia, nuestra finalidad es implantarla donde no existe o donde existe todavía en estado incompleto. Siendo parte de la Iglesia local, debemos colaborar en su proyecto pastoral. Aún más, como miembros de una provincia dominicana misionera, nuestro servicio a la Iglesia local debe ir enfocado preferentemente a la predicación y enseñanza del mensaje, y también al establecimiento de una entidad dominicana autóctona.

3. Inculturación y evangelización de la cultura
La inculturación es un elemento esencial en la realización de nuestro carisma ad gentes, como lo es de la nueva evangelización.

El proceso de inculturación comienza por el misionero y es un proceso lento y de por vida. A semejanza de Cristo, quien en la encarnación se hizo hombre sin dejar de ser Dios, del mismo modo nosotros, como misioneros, debemos asumir este proceso de transformación profunda, de modo que el Evangelio que anunciamos sea comprensible y se encarne en las culturas de los países en los que evangelizamos.

Este es el camino para que el Evangelio se haga presente en la cultura y para "regenerarla por el encuentro con la Buena Nueva" (EN 20).

4. Diálogo interreligioso
El diálogo entre el cristianismo y las religiones no cristianas radica en el respeto mutuo, dinamizado por el amor a la verdad desde el encuentro fraterno, como estimonio recíproco para un progreso común en el camino de la búsqueda y experiencia religiosa, y al mismo tiempo para superar prejuicios, intolerancias y malentendidos (RM 56). Es un diálogo de vida, de caridad, de oración y también doctrinal, incluyendo el diálogo emergente sobre una ética universal.

La Iglesia no ve oposición alguna entre el anuncio de Cristo y el diálogo interreligioso. Sin embargo, el anuncio de Cristo debe ser lo primario en la evangelización, sin confundirlo con el diálogo interreligioso, como si diálogo y anuncio fueran cosas intercambiables (RM 55).

Conclusión

Como conclusión de todo lo dicho, constatamos que nos encontramos ante una tarea difícil. Nos lo dice Juan Pablo II con estas palabras: "Al misionero se le pide que renuncie a sí mismo y a todo lo que tuvo hasta entonces y hacerse todo para todos (AG 24): en la pobreza que lo deja libre para el Evangelio; en el desapego de las personas y bienes del propio ambiente, para hacerse así hermano de aquellos a quienes es enviado y llevarles a Cristo Salvador. A esto se orienta la espiritualidad del misionero: "Me he hecho débil con los débiles... me he hecho todo para todos, para salvar a toda costa a algunos, y todo esto lo hago por el Evangelio" (1 Cor 9, 22-23)" (RM 88).

Este es el propósito que los hermanos de la Provincia asumimos con gran esperanza en este Capítulo Provincial.

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